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Cuando tenía 4 años, abordé un avión. Recuerdo que no me quería ir. No quería dejar mamá, papá y las chicas atrás. Mis padres de crianza. ¿Cómo se explica eso en inglés? No hay traducción.

Viajaba a Estados Unidos para vivir con un hombre con el que nunca había vivido antes. Papi salió de la República Dominicana antes de yo nacer. Con el corazón destrozado por la pérdida de su primer hijo, mi padre buscó refugio en otro país a la misma vez que mantenía a su familia. No fue una mala decisión. Su sobrino, mucho mayor que él, falleció unos meses antes de que mi hermano muriera y dejó a su familia de 9 al cuidado de mi papá. Papi solo tenía 20 años.

El dia era el 16 de febrero del 1980. Mi papá había pasado por mucho para traernos a los Estados Unidos. Y tuve que dejar atrás mi isla.

Habían lágrimas. Siempre lágrimas durante el viaje al aeropuerto. Esta tradición de lágrimas continuó cada vez que regresaba a casa. Lágrimas que se habrían mezclado muy fácilmente con el agua azul clara del malecón, siempre a mi derecha durante mi viaje.

Recuerdo que llegué de noche. Me quedé dormida en el avión, pero tengo recuerdos oscuros de ser asaltada por el frío cuando salí del avión. Creo que dormí todo el camino a Washington Heights.

A la mañana siguiente, me desperté confundida. Estaba acostumbrada a despertar en los brazos de Mami o acurrucada entre mamá y papá. Pero esa mañana desperté sola. En una cama extraña. Salí en silencio a un pasillo extraño.

Mi intención era mirar por la puerta como hacía cada mañana. Ver a la gente en camino hacia el mercado o los niños pequeños llevando agua de vuelta a casa.

Excepto ... no había puerta. ¡Sólo había ventanas en frente de mí y no estaba en la primera planta! Miré a árboles sin hojas frente a mí y sentí la fría ventana bajo mis pequeñas manos, todavía desorientada.

Nunca me había sentido tan sola como esos minutos que pasé sola en esta nueva casa, en esta nueva ciudad, en este nuevo país. Extrañaba el sol sobre mis pies. Pensando como recogía hierbas para el té del jardín frente a la puerta principal. Echaba de menos el olor de mi isla.

Pero aquí estaba. Y cuando la casa finalmente se levantó, me paré frente a un hombre que sólo conocía en fotografías e historias. Un hombre que había visto sólo unas cuantas veces por períodos cortos. Mi padre. Papi.

Hacen 37 años. ¿Quién habría imaginado la vida hoy? Esa niña nunca imaginó esta casa grande, esta hermosa hija, esta vida, estas palabras. Un lenguaje diferente envuelto en el mismo corazón. No podía imaginar tantos años atrás que Mami no estuviese a mi lado.

Mis padres querían venir a América para una vida mejor. ¿Consiguieron eso? Me gustaría pensar que sí. Mi papá, que nunca pasó el 6to grado, mi mamá que nunca terminó la secundaria. Ellos dejaron todo atrás como tantos otros inmigrantes que vinieron antes que ellos y que todavía vienen a este país. Les dieron la oportunidad a sus hijos de catapultar a las alturas que soñaban posible. Nos paramos en sus espaldas para dar el salto. Nos encontramos sobre sus espaldas aún hoy.

Y por ese sacrificio, estoy eternamente agradecida.

 

 


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