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For this article in English, click here. Si hay algo de lo que estoy orgullosa es de mi ética laboral. La importancia del trabajo duro es algo que aprendí de mis padres que, en ocasiones, tenían varios trabajos cada uno para poder alimentar a nuestra familia de seis personas. En la universidad, yo también tenía tres trabajos para ganarme la vida. Escribía artículos para dos semanales, contestaba los teléfonos en la universidad y trabajaba como mesera. El trabajo en el restaurante era el más lucrativo de los tres, así que trabajaba allí todas las horas posibles. A veces, tenía que ir al trabajo enferma. La única vez que pedí que me dejaran salir temprano e irme a casa fue porque contraje una infección vírica llamada mononucleosis infecciosa que podría haber contagiado a mis compañeros y a los clientes del restaurante al toser o estornudar. La mononucleosis fue terrible. Tuve fiebre y el peor dolor de garganta que he tenido en mi vida. ¡Me sentía como si tuviese un cuchillo ardiendo en la garganta! Me sentía muy débil, con dolores por todo el cuerpo, y pensé que me iba caer con los platos en la mano. Fue un tiempo fatal para mí, no solamente porque estaba enferma sino también porque no tenía dinero. Aumentaron mis deudas de tarjetas de crédito por tener que pagar las facturas médicas y mis gastos básicos, ya que no tenía ni un día de enfermedad pagado en ninguno de los trabajos. Algún día de enfermedad pagado hubiera significado una gran diferencia porque hubiera podido descansar sin tener que preocuparme por estar acabando con la poca seguridad económica que tenía. Todo esto ocurrió en 1997. Me entristece denunciar que nuestro país todavía no requiere que los empleadores den a sus trabajadores ni una hora de enfermedad pagada. Muchas familias tienen que ir al trabajo enfermos y hacer que sus hijos vayan a la escuela enfermos porque no pueden perder ni un día de trabajo. La falta de días de enfermedad pagados ha sido trágica para la comunidad latina. Según un estudio publicado el mes pasado, 5 millones de casos de gripe porcina -- una pandemia mundial que Las investigaciones han mostrado que la gente que va enferma a sus trabajos no hace tanto como cree y aumenta el riesgo de infectar involuntariamente a sus compañeros de trabajo. Para los empleadores, el impacto de la productividad de un trabajador enfermo es doble de lo que hubiese sido si la persona simplemente se hubiera quedado en casa porque, involuntariamente, infecta a sus compañeros de trabajo, quienes también tienen que tomar tiempo libre para ir al médico o trabajar mientras están enfermos. Como latina de familia de clase trabajadora, estas estadísticas me impactaron mucho. Me acuerdo de la epidemia de gripe porcina de 2009, y me aterra recordar como reclamó vidas de miembros de nuestra comunidad en Texas y en el estado en el que vivo, California. También me siento ofendida. Nuestras familias trabajan duro y juegan según las reglas. Sin embargo, ¿no se nos permite tomar ni una hora de enfermedad pagada? Eso incluso daña nuestra economía, ¡costándonos $160 mil millones al año en productividad perdida! A los trabajadores latinos, en realidad, todos a los trabajadores estadounidenses, les digo basta ya. Por favor, únanse a mí en MomsRising.org y firmen esta petición en apoyo del Acta de Familias Sanas (“Healthy Families Act” en inglés). El Acta de Familias Sanas permitiría que los trabajadores obtuviesen hasta siete días de enfermedad pagados al año para recuperarse de enfermedades de corta duración, para cuidar a un familiar enfermo, asistir a citas médicas, o solicitar ayuda en casos de violencia doméstica, acoso o agresión sexual. Casi la mitad, el 48%, de los trabajadores del sector privado no tienen derecho ni a una hora de enfermedad pagada. No podemos permitirnos ver lo que ocurrirá la próxima vez que una gripe pandémica azota a nuestro país. Elisa Batista es especialista en relaciones con la comunidad de MomsRising.org. También publica su propio blog, MotherTalkers, y contribuye con una columna en español sobre el medioambiente en Moms Clean Air Force. Cuando no está delante de su computadora, está con su hijos pequeños o entrenando para maratones.


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