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Esta semana tuve la oportunidad de asistir a la Conferencia sobre Familias Trabajadoras de la Casa Blanca, en donde pude conocer a defensores, líderes laborales, medios de comunicación, y a otras madres trabajadoras, todos buscando la manera de resolver temas como la flexibilidad en el trabajo, igualdad de salario, discriminación en el trabajo, oportunidades para trabajadores con salarios bajos, y demás temas.

Esta Conferencia fue particularmente significativa para mí ya que se concentró en las mujeres como sostén de la familia. Como madre soltera de una enérgica niña de 4 años de edad, conozco la dificultad de equilibrar una demandante carrera al tiempo que, sin ayuda proveo para mi hija, y hacer tiempo para disfrutar de sus primeros años de su joven vida.

Aún y cuando no cabía en mí de felicidad la primera vez que la tuve en mis brazos, también entendí que la decisión de ser una madre soltera y la cabeza de mi hogar requeriría tomar muchas decisiones difíciles y sacrificios tales como poner mi crecimiento profesional en pausa. Pero estaba preparada para este reto. Estas dificultades comenzaron justo antes de que mi hija naciera.

Cuando tenía ocho meses de embarazo, tuve que enfrentar la difícil elección entre mi trabajo y mi maestría en gestión ya que cada vez era más difícil obtener permisos en mi trabajo para salir temprano y llegar a mis clases a tiempo o llegar tarde en las mañanas debido a mis citas con los médicos. Podía renunciar a mi empleo para obtener un título de posgrado o abandonar mis metas educativas y seguir trabajando para tener seguro médico que cubriera mi cuidado prenatal y asegurarme de que mi hija naciera en un hogar monoparental económicamente estable.

Gracias a la promulgación de la ley SB 1661 en California, fui elegible para aplicar al Permiso Familiar Pagado a través del programa estatal Seguro Familiar Temporal de Incapacidad para convivir con mi recién nacida. Sin embargo, bajo esta política de permiso pagado, solamente se me concedió una parte de mi salario, el cual no era suficiente para cubrir mis gastos. Además, de acuerdo con las pautas de ingresos yo recibía demasiado dinero como para calificar para cualquier otro tipo de ayuda. A esto hay que añadir el costo de los pañales, la fórmula para bebé, mi préstamo estudiantil, el alquiler y el pago del carro, encontrándome en la necesidad de llamar a mis acreedores para pedir prórrogas de pago y la reducción de mis pagos mensuales en mis facturas. La tensión financiera de estos días no me permitió disfrutar de la alegría de ser mamá por primera vez.

Para minimizar mis dificultades financieras trabajé hasta tres días antes de dar a luz a mi hija y regresé a trabajar exactamente 6 semanas después. Me dolía el corazón porque la extrañaba – mi niña tenía tan sólo 40 días de edad – pero las demandas de mi trabajo y el compromiso con mi comunidad me obligaron a regresar a trabajar. Tenía una campaña de enumeración censal la cual tenía que ayudar a dirigir para asegurar que los latinos fueran contados y que nuestras comunidades recibieran la representación adecuada.

A través de mi trabajo actual con el Fondo Educativo de Mi Familia Vota y la coalición de Valores Familiares en el Trabajo he aprendido que existen algunos estados que no ofrecen ningún tipo de permiso pagado. Esto me hizo recordar todas las dificultades que mis padres soportaron mientras nosotros crecíamos.

Mi mamá era ama de casa y mi papá como obrero nunca dijo nada en su trabajo debido a su limitado inglés y a su miedo de perder el empleo que era sustento de cinco hijos. Años más tarde, mi padre se lastimó pero siguió trabajando con una espalda fracturada ya que cualquier tiempo que se tomara para ir a ver al médico, si es que era aprobado sin goce de sueldo, significaba el pago incompleto de la renta, no comestibles para esa semana, o el solicitar una nueva prórroga sobre pagos atrasados. Eventualmente mi padre tuvo tres cirugías y fue declarado discapacitado permanentemente.

Yo trabajo como defensora de los derechos de los inmigrantes para una organización sin fines de lucro y veo como mujeres inmigrantes enfrentan discriminaciones similares debido a su estatus. Temen perder su trabajo y el pago por hora por estar embarazadas. Mujeres en familias con estatus migratorios variados se preocupan diariamente de si un miembro de la familia – generalmente alguien que ayuda con el sostén de la familia – desaparecerá de repente, llevado por la aplicación de un programa migratorio inmoral que lleva a cabo deportaciones innecesarias. Lo que les sucede, como mujeres inmigrantes, es una injusticia.

Es debido a mis experiencias como hija de uno de los millones de trabajadores inmigrantes sobre trabajados y mal pagados, y como madre soltera y sostén de mi hogar, que entiendo la importancia de los días pagados para atender a la familia y de los días pagados por enfermedad.

Las familias trabajadoras necesitan apoyo para la Ley de Ausencia Familiar y Médica (FAMILY, por sus siglas en inglés), una iniciativa que le proporcionaría a los trabajadores hasta 12 semanas de pago parcial cuando se enfrentan a una condición grave de salud, incluyendo embarazos y recuperación del parto; una enfermedad seria que afecte a un hijo, padre, cónyuge o pareja de hecho, y el nacimiento o adopción de un hijo. Además garantizaría el acceso a días pagados por enfermedad, algo que muchos trabajadores en los EE.UU. – incluyendo inmigrantes – no tienen en estos momentos.

Abogo por estos temas ya que quiero que mi hija crezca en una sociedad que provee y protege a los trabajadores por medio de políticas justas y equitativas.


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